lunes, 24 de septiembre de 2012
Aviso parroquial
Aquí está la prueba, ¡Es muy personalizado!
Relatos de viaje
sábado, 22 de septiembre de 2012
Un dibujito que hice
viernes, 21 de septiembre de 2012
La declaración de independencia de John Perry Barlow
Yesterday, that great invertebrate in the White House signed into the law the Telecom "Reform" Act of 1996, while Tipper Gore took digital photographs of the proceedings to be included in a book called "24 Hours in Cyberspace." I had also been asked to participate in the creation of this book by writing something appropriate to the moment. Given the atrocity that this legislation would seek to inflict on the Net, I decided it was as good a time as any to dump some tea in the virtual harbor. After all, the Telecom "Reform" Act, passed in the Senate with only 5 dissenting votes, makes it unlawful, and punishable by a $250,000 to say "shit" online. Or, for that matter, to say any of the other 7 dirty words prohibited in broadcast media. Or to discuss abortion openly. Or to talk about any bodily function in any but the most clinical terms. It attempts to place more restrictive constraints on the conversation in Cyberspace than presently exist in the Senate cafeteria, where I have dined and heard colorful indecencies spoken by United States senators on every occasion I did. This bill was enacted upon us by people who haven't the slightest idea who we are or where our conversation is being conducted. It is, as my good friend and Wired Editor Louis Rossetto put it, as though "the illiterate could tell you what to read." Well, fuck them.
jueves, 20 de septiembre de 2012
En los inicios
Aunque no escribo regularmente en este blog, sino que lo revivo por temporadas, recuerdo claramente qué me llevó a abrirlo. Era una época en la que los blogs personales estaban de moda. Yo nunca he sido de exponer mucho mi vida en internet (o en ninguna parte), y además he sido bastante tímida; entonces, casi que a manera de terapia, un día me decidí. Además, tenía (y desafortunadamente sigo teniendo) la mala costumbre de empezar cuentos y nunca terminarlos. Entonces, la idea era que el blog me sirviera de ayuda para terminarlos, y sobre todo, para exponerme un poquito más.
Me metí a internet, abrí una cuenta en blogger y empecé a escribir. De cien cosas que escribo, normalmente sólo posteo una, máximo dos; pero lo que siempre he disfrutado es que sólo yo tengo la decisión de qué sale o no en el blog.
No sé si me sirvió mucho como terapia para la timidez (aunque en ese aspecto sí he mejorado, sólo que no creo que el blog tenga mucho que ver.
Pero si me sirvió para ver que no siempre es malo poner cosas en Internet, aunque sigo siendo MUY selectiva al respecto.
En las próximas semanas, en las que será obligación escribir constantemente aquí (es una tarea que no me molesta, pero una tarea al fin y al cabo), seguramente me daré cuenta si definitivamente sirvo para eso de exponerme online, o si no lo he hecho hasta ahora porque simplemente no es lo mío. Ya veremos que pasa!
martes, 18 de septiembre de 2012
Sobre ese día en El Tartamudo
"Tango: Día tranquilo, no esperamos nada. De noche aparece un concierto. Chaqueta de cuero, converse amarillos. El tartamudo. Bar (más que un bar) de dos pisos. Abajo, paredes de piedra, luces cálidas y un tipo de rastas con sonrisa grande. Escenario bien equipado. Una mina de veinte años con un vestido muy corto. Un tipo simpático con sombrero blanco. Tocan juntos. Las manos en la guitarra vuelan. Tiene por lo menos cincuenta dedos. La voz de la chica es muy potente. Desgarra el alma y alegra el corazón. Sonrió, sonrió mucho. Suenan tambores, llega el candombe. La gente se para y baila tango. Todos saben bailar, todos lo disfrutan. La chica toca flauta traversa. Otra mujer se para y canta. Sonríe cuando canta y tiene pómulos grandes. Un tipo toca el piano. Es alegría pura, es cultura, es Uruguay. Y yo estuve ahí para verlo".
Es corto, pero creo que expresa muy bien lo que fue esa noche, más desde las sensaciones que desde la narrativa, y es sólo así que recuerdo esa noche, como una experiencia, como una situación llena de sensaciones que recuerdo más por lo que me generó que por lo que realmente pasó. Y por eso quería compartirlo.
Nacional vs. Peñarol
El primer día en la universidad, se me acercó alguien a preguntarme si yo era hincha del Atlético Nacional. Él era hincha del Nacional de Uruguay, y eso, según él, lo hacía hincha de todos los equipos que tuvieran esa palabra en el nombre. Estábamos en esa conversación cuando se acercó una chica y me dijo que no, que si en Colombia era hincha del Nacional, ese ya lo tenía ocupado, que en Uruguay tenía que ser de Peñarol. Con esa conversación se inició algo que sería constante a todo mi tiempo en Montevideo, uruguayo que conocía me preguntaba por mi equipo allá, al parecer no podía pasar de largo, sin tener un equipo.
Me habría importado muy poco si no me gustara el fútbol, pero ese no es mi caso. Después de haber jugado fútbol casi 10 años y de haber ganado con mi equipo varios de los campeonatos que había en esa época (no estoy vieja ni mucho menos, pero el fútbol femenino se ha desarrollado mucho en los últimos años, y cuando yo lo dejé todavía no era así), realmente es un tema que me interesa. La cosa era que yo no había visto ningún partido de ninguno de los dos equipos, entonces no tenía ningún criterio para elegir.
Un chico alemán con el que vivía era (es) un enfermo por Peñarol, iba a todos los partidos, tenía camiseta, bufanda, y un montón de cositas del equipo, y siempre me decía que al próximo partido me iba a llevar, aunque nunca lo hizo. Varias de mis compañeras de la universidad también morían por Peñarol y yo veía como su facebook se llenaba semanalmente de fotos de los partidos, los entrenamientos, eventos deportivos, etc. que tenían que ver con el equipo.
Y lo mismo sucedía con el Nacional. Incluso varios de mis amigos extranjeros con los que llegué a Montevideo, se hicieron rápidamente hinchas de este equipo, tenían camiseta, iban a los partidos e intentaban reclutarme cada que tenían la ocasión.
En una ocasión, cuando se acercaba un clásico entre los dos equipos, decidí que era momento de verlos, y ahí sí, tomar partido. Me armé un combito con unos amigos a quienes el fútbol no podía interesarles menos pero que querían ir porque el fútbol es tan importante en Uruguay como el mate y el asado, y nos fuimos para el partido. Muchas cosas me llamaron la atención ese día. La cantidad de hombres sin camisa, el calor, la cara de desubicados que teníamos nosotros al no tener un equipo al que alentar, un asiático que estaba sentado cerca a nosotros con cara de estar más perdido que nosotros, y otra vez, la cantidad de hombres sin camisa. El fútbol de ambos me pareció regular, por lo menos el de ese partido, y luego me enteré que así son generalmente los clásicos entre los dos equipos, más bien aburridos, muy cerrados, muy estresantes, y con poco fútbol.
Salí del estadio sin tener un favorito por más que intenté. Creo que ganó Nacional, ni siquiera estoy segura porque en los últimos quince minutos empezó a llover y yo no quería mojarme por un partido que no estaba bueno, así que me refugié dentro del estadio, y aunque terminé viendo el partido por unos ventanales (y metieron dos goles en esos últimos minutos), me distraje bastante mirando la gente (cosa que me pasa no sólo en fútbol).
El ambiente me pareció muy bacano, como un clásico Nacional vs. Medellín en miniatura, no por importancia sino por cantidad de gente, y tal vez porque como en esos sí me emociono, me parecen una cosa mucho más impresionante; pero me fui de Uruguay meses después sin preferir ninguno de los dos. Tal vez si tuviera que elegir, no pensaría ni siquiera en el fútbol, sino en los colores, y por eso me iría con Peñarol, porque para qué, pero el amarillo y negro se ve bonito en un uniforme deportivo.
Como aproveché y tomé muchas fotos en ese partido, recuerdo haber hecho un pequeño slideshow con ellas, y aquí lo dejo a manera de ilustración de ese día.
