miércoles, 30 de marzo de 2011

Te conozco

- Siento que te estás equivocando.
- ¿Sientes? ¿ o piensas?
- ¡Siento! Yo estoy pensando en otra cosa.
- ¿Ah sí? ¿Y en qué piensas?
- En tu habilidad para cambiar de tema. La estás usando ahora mismo.
- ¿Y por qué debería cambiar de tema?
- ¿Ves? Lo estás haciendo de nuevo.
- ¡Pero simplemente buscaba conversación! Quiero saber más de ti.
- Ahí es donde estás equivocado.
- ¿Crees que no quiero saber más de ti?
- Lo que quieres es que yo no sepa nada de ti, aunque eso implique escucharme siempre.
- ¿Eso es lo que piensas?
- No, te dije que estoy pensando en otra cosa, eso es lo que siento.

martes, 15 de febrero de 2011

Las hadas existen

Me contaron que las hadas existen. No lo creo. Derramo mi cerveza sobre la mesa. Salgo del bar en el que estoy. Nadie me sigue. Las personas que estaban conmigo pagan por mi cerveza. Camino toda la noche. Recorro la ciudad entera. Espero frente a una librería a que abran. Entro corriendo a buscar un diccionario. No dice que sean reales. Salgo. Cojo un taxi en la calle. Le doy 20000 pesos para que maneje. Me bajo en el centro. Camino más. Subo a un segundo piso. Hablo con una bruja. Futuro poco prometedor. Nada de hadas. Regreso a la calle. Cojo un bus. Me bajo en la siguiente parada. Corro varias cuadras. Alguien cree que me robé algo y me persigue. Me agarra. No tengo nada. Me deja ir. Ni rastro de las hadas. Entro a un bar. Me siento junto a un tipo cualquiera. Me invita una copa. Me tomo dos botellas. Dejo el bar sola. No sé cómo. No fueron las hadas. Es de noche. Camino. Veo líneas de colores. Son luces, no hadas. Llego a un parque. Me siento. Despierto. El sol me molesta en los ojos. Camino rápido. La gente me mira raro. Los taxis no me paran. Me siento en el suelo. Me lanzan unas monedas. Paro un bus. Me subo. Me bajo cerca al bar. Camino. No hay nadie. Espero. Espero. Espero. Llega gente. Me reconocen. Me invitan a una cerveza. Me cuentan que las hadas existen. No lo creo. No importa. No existo.

domingo, 2 de enero de 2011

Dormir, dormir....ese mal necesario.

Sin importar si me muevo mucho o poco, si tuve largas horas de sueño o unos cuantos minutos, las cobijas nunca permanecen sobre mi cama. No sé qué pasa, pero tengo la habilidad de botarlas al suelo en cuanto caigo inconsciente. Esto no sería tan grave de no ser porque no soy capaz de dormirme sin algo encima y en donde vivo hace un frío imposible.

Lo primero que se me ocurrió intentar fue hacer tres horas de ejercicio antes de irme a dormir para que los músculos estuvieran tan cansados que no fueran capaces de tumbar la cobija por más que lo intentaran. Por varias semanas hice spinning, yoga, karate, rumba, levantamiento de pesas y me volví una experta en la elíptica; pero cada mañana, sin tregua, me levantaba adolorida a más no poder y sin la cobija. Al menos de ese experimento me quedó un cuerpo mucho más saludable.

Alguien me dijo una vez que debería intentar meter las puntas debajo del colchón, para que por más fuerza que tuviera, no pudiera botarlas. Así lo hice, y recuerdo que a las 2 de la mañana me desperté, muerta del frío, sin cobija y durmiendo en el suelo. Resultó siendo peor el remedio que la enfermedad.

Otra persona, me dijo que yo botaba las cobijas porque me parecían muy pesadas, que intentara dormir con sobre-sábanas. ¡Grave error! Haciendo ese experimento rompí el juego de cama que mi mamá más apreciaba. ¡Casi me mata!

El último consejo que escuché, intentando encontrar la solución a mi problema, fue el de una amiga de mi tía, de esas que no te conoce pero te trata como si fueras la mejor amiga de su hija; me recomendó instalar aire acondicionado en mi habitación, o en su defecto poner un ventilador, pues según ella, el frío haría que yo durmiera aferrada a las cobijas toda la noche. Gracias a la experiencia que estaba adquiriendo con esos consejos, decidí optar por el ventilador, una opción mucho más económica y rápida, pues no tenía que esperar a que alguien fuera a mi casa a instalar el bendito aparato. Esa noche puse el ventilador al máximo, cerré las ventanas y la puerta para condensar el frío, me puse la cobija más pesada que tenía, que usualmente me costaba más tirar al suelo, y me puse un pijama muy ligero para evitar que me diera calor. ¿Resultado del experimento? Una bronquitis que me tuvo hospitalizada 15 días.

Desesperada, una vez fui a consultar a un psicólogo, para ver si a él se le ocurría algo. Analizó mi comportamiento por meses, me puso a dibujar los miembros de mi familia en una hoja, me puso a ver ciertas películas y a leer ciertos libros, me sacó más de un millón de pesos en consultas, y al final, me despachó diciéndome que yo lo que tenía era una aversión por la supuesta sobreprotección de mis padres y que la canalizaba liberándome de las cobijas cada noche. ¡Vaya payaso! También hubiera podido decirme que era un problema cósmico y que era la luna la que influía en mí para que durmiera sin cobijas.

Una vez, decidí grabarme mientras dormía, para ver si, por lo menos así, algo lograba descubrir. ¡Qué belleza! Alcancé a ver que le di una patada a la cobija, pero hasta ahí llegué yo en el video, porque la cobija golpeó el trípode de la cámara, y las siguientes 7 horas de video muestran una pared blanca.

Hoy, voy a ensayar una nueva técnica que me aconsejaron. Juro que ésta es la última vez que le creo a alguien. Si esto no funciona, tal vez deje de dormir. Al menos despierta puedo ponerme la cobija y no pasar frío. O tal vez cuando esté tan exhausta, cuando lleve varios días sin dormir, cuando ya a mi cuerpo no le quede una pizca de energía con que patear nada, tal vez ahí, caiga rendida en la cama y sin darme cuenta pase la noche entera con la cobija puesta.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Rimas para el niño que llevamos dentro

TÍN EL ARLEQUÍN

Ni abogado, ni actor, ni bailarín,
lo que Tín quería era ser arlequín.
Así en cumpleaños, Navidad y Halloween,
Tín pintaba su cara de blanco y carmín.

Rombos y cuadrados, telas coloridas,
dos zapatos grandes y medias raídas,
un sombrero alto, unos guantes blancos,
el ajuar completo de este saltimbanco.

Salía a la calle a distraer señoras,
a asombrar niños, a pasar las horas.
Trucos, malabares, risas y alegrías
para Tín eran los mejores días.

Y aunque en su casa nadie creía
que pudiera hacer de ese oficio su vida,
Tín sin parar de arlequín se vestía,
y sólo así feliz se veía.


EN VERANO


Como cada día a las ocho y media,
mamá tocó y luego abrió la puerta,
-Levántate, es hora, el día comienza-
dijo suavemente y tomó mis medias.

-Mira que día el que hace allá afuera,
es hora que salgas y juegues con Eva.
Llegó hace un rato y ya comió galletas,
así que arriba sin hacer más fuerza. -

- No dejes a Eva esperando abajo,
lávate los dientes y come un bocado.
Ponte tus zapatos y péinate un poco
y antes de salir límpiate los ojos.

Mamá me despierta siempre muy temprano,
porque sabe que a mí me gusta el verano,
salir a acampar, a montar bicicleta
a subirme a un árbol, a elevar cometa.

Y aunque es cierto, me gusta dormir,
no hay porque discutir,
pues una vez afuera con mi amiga Eva
me divierto más que si aun durmiera.

Así que a diario bajo sin problemas,
me tomo el remedio y saludo a Eva,
un beso a mamá, abrazo a la abuela,
balón, bicicleta, cauchera y afuera.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Detalles

1. "Sin ánimos de ofender, eres el ser más despreciable que conozco" – le dije la
tercera vez que lo vi. "Gracias" – me respondió – "es lo más dulce que me han dicho
nunca".

2. Hasta que perdió su última pestaña no se dio cuenta que se había quedado calvo y
sin deseos.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Se me salió de las manos

Ella regresó. Estuvo vagando por entre cuadernos viejos, hojas gastadas, bolígrafos sin tinta y lápices de mina quebrada. Se detuvo ante cientos de personajes que la entretuvieron. Navegó por mares de dudas y recorrió desiertos vacíos en los que no existían oasis de inspiración. Creyó morir, y por aquí también la creyeron muerta. Pero regresó. Y ya no le interesa ser real. Al menos no como le interesaba antes. Entendió que no hay nada de maravilloso en la realidad y que ese espacio que luchó por ganarse en el mundo de los vivos ya no la seduce más. Al regresar, trajo con ella motivaciones nuevas. Una fuerza increíble. La capacidad de volar. Y quién sabe qué vio en su viaje, pero ahora nisiquiera quiere escribir, ni escuchar música. La pizza le da asco y dormir hasta el otro día se le hace insoportable. La pregunta es, ¿seguirá siendo ella?

martes, 20 de julio de 2010

Producción

Estamos (estoy) en proceso de producción de nuevas cositas. Cuando tenga algo nuevo, por aqui estará.